Marc Badia/Jan Monclús. Let me die alone but please film it

Let me die alone but please film it , es el proyecto expositivo que Marc Badia (Barcelona, 1984) y Jan Monclús (Lleida, 1987) presentan, de manera conjunta y en diálogo cruzado, en la Fundación Arranz Bravo dentro del programa Gallery Weekend de Barcelona 2017.

En este sentido, Let me die alone but please film it explora la similitudes entre el binomio éxito-fracaso y el concepto de absurdo o “hacer a pesar de”. Una combinación que permite entender y aproximarnos a ciertos intereses disfuncionales que comparten los dos artistas como son el error, el fallo, la broma o el reto absurdo. Es decir, una puesta en crisis que prioriza la anticipación dramática, la búsqueda de otro tipo de anhelo esperanzador, o la persecución de fantasías irracionales, por encima de aspectos más categóricos como el razonamiento o el peso convencional de nuestra sociedad, dando lugar a momentos únicos que se liberan y se desarrollan desde una posición descentrada, imprevista y desasosegada.

De este modo, la propuesta parte del primer fail grabado por una cámara de video que se remonta al año 1912. Se trata de la filmación en que el austriaco Franz Reichelt (1878-1912) quiso probar su diseño de paracaídas saltando desde lo alto de la Torre Eiffel. En las imágenes de la película podemos ver a Reichelt en el momento previo al salto y como este cae en picado produciendo su muerte instantánea. Una acción que ha pasado a la historia, más como un símbolo de estupidez que como un sacrificio al progreso tecnológico, y recordado como una acción desproporcionada.

Let me die alone but please film it , título compuesto por una frase sencilla, de bajo relieve, a medio camino entre lo marginal y lo heroico, plantea una dialéctica centrada en la pintura expandida mediante la confección de un relato escrito a cuatro manos. Una reflexión que toma protagonismo desde un discurso meta-pictórico surgido a partir de una encrucijada de roles: de una banda la figura del loser, entendido como un ente disfuncional que prioriza el ideal improductivo a la normalización instalada, de la otra, el entusiasta, que opera desde un carácter más propio del deseo y la exaltación. Dos posicionamientos reunidos en un ejercicio de intensidad máxima, bajo multitud de micro-historias que mezclan realidad y ficción, así como otras reflexiones y preocupaciones sobre las expectativas e incertidumbres del artista joven.

Jordi Antas