Falla de Ayelen Peressini y Aldo Urbano

Exposición actual

FALLA es el título de la exposición conjunta que Ayelen Peressini (1986) y Aldo Urbano (1991) protagonizan en la Fundación Arranz-Bravo. Ambos ganadores de la Beca para la Creación Artística de la Fundación Guasch Coranty, las características de sus respectivas obras han llevado a la colaboración en esta muestra, que cuenta con el comisariado del crítico e historiador del arte Jordi Garrido, debutante en la curaduría con este proyecto.

“Es contemporáneo quien percibe la falla de su tiempo; […] quien hace de dicha fractura el lugar de cita entre el tiempo y las generaciones” dice el filósofo Giorgio Agamben. Esta FALLA es el punto donde la obra de Aldo y Ayelen se encuentran, un espacio de incomodidad en el que se manifiestan las carencias de un presente que, como todos, es hostil. Es a partir de esta hostilidad, propia de una sociedad posmoderna tardía que ha desterrado de nuestras vidas todo lo que va más allá de la razón y el materialismo salvajes, que tanto Aldo como Ayelen abordan una necesidad humana; una necesidad interior que conecta al individuo con una espiritualidad perdida.

La línea, el movimiento y el espacio son los tres elementos básicos de la combinatoria que da lugar a las obras que encontramos en FALLA. Por un lado, Ayelen Peressini se sitúa a medio camino entre la escultura y la arquitectura; un ámbito mixto de estructuras tridimensionales que a pesar de sus dimensiones – superiores en la mayoría de casos a la escala humana – resultan enormemente tenues, casi volátiles. Esta contraposición entre ligereza visual y grandes dimensiones es la dualidad que inyecta potencia a las obras de Ayelen: el espacio que ocupan deviene una presencia sensible pero invisible, que hace vibrar el vacío silente suspendido en su interior, listo para ser habitado espiritualmente. En la otra cara de la moneda tenemos la obra de Aldo Urbano, que se emplaza en un punto indeterminado – que no necesita de más definición de la que ya tiene – con un pie en la pintura y el otro en el dibujo. En ambos casos demuestra una clara voluntad de interpelar al otro, ya sea a través de la forma, con líneas vibrantes, o de planos desencajados de la superficie bidimensional de la pintura, invadiendo así en última instancia el espacio. Esta interpelación en el caso de la pintura se da de manera muy clara, él mismo habla de provocar “cortocircuitos cognitivos” en el observador a través de las combinaciones cromáticas ácidas y trazos irregulares.

Mediante estas herramientas proporcionadas por Ayelen Peressini y Aldo Urbano, FALLA propone una discusión sobre la contemporaneidad y sus carencias espirituales a través del arte.